29 de abril de 2005
El primero de Mayo
"¡Llegará un tiempo en que nuestro silencio será más elocuente que
las voces de los que hoy ustedes estrangulan!". Las últimas
palabras de Augusto Spies, periodista alemán
Por: Efraín Valenzuela
Desde la historia contada por Efraín Verenzuela, en Aporrea, el
miércoles 27 de abril, queremos recordar que para llegar a la
conmemoración del 1° de Mayo como Día del Trabajador, muchos
lucharon y muchos dejaron sus vidas en el camino. Así lo
escribe:
"Las jornadas de trabajo alcanzarían 12, 14 y hasta 16 horas
diarias. La mano de obra se pagaría, escandalosamente, barata.
Mujeres y niños extenuados, jamás conocieron los días de descanso.
La fuerza de trabajo de los emigrantes, también, y sobre todo, se
cancelaría con sueldos miserables. Entre tanto, las factorías
norteamericanas llenaban sus arcas. El 1ro de Mayo de 1886 cinco
mil empresas de ese país quedaron paralizadas. En Chicago, 80 mil
obreros cerraron fábricas y muelles. La Avenida Michigan se lleno
de obreros en ropa de domingo. La solicitud era clara: 8 horas para
trabajar; 8 horas para descansar y 8 horas para hacer lo que nos dé
la gana, la regalada gana. 500 mil obreros, en todo Estados Unidos,
estarían en huelga.
Precisamente, en la fábrica Mc Cormick, la policía soltó sus balas
contra la multitud. El saldo: 6 muertos y decenas de heridos. Entre
la indignación, la arrechera y la lluvia una multitud se
congregaría en la plaza Haymarket. Era el 4 de Mayo. El mitin se
proclamó pacífico y legal. La historia nos dice que un comunicador
social, de origen alemán, Augusto Spies, tomaría la palabra. El
dirigente obrero, Albert Parsons, también expresaría su verbo
encendido.
Una súbita explosión arrancaría la vida de un tombo; otros
resultaron heridos. Esa agresión sería producida por las misma
policía. La arremetida de la guardia contra la multitud sería a
plomo cerrado. 38 muertos y 200 heridos. Aquella cruenta represión
destruyó imprentas, realizaría allanamientos, en grandes
cantidades, y apresaría a no pocos manifestantes. En Chicago se
declaró el Estado de Sitio. La prensa industrial masiva editó esta
perla: "para estos vagos harapientos, la mejor comida es una carga
de plomo en el estómago".
Alegar una conspiración extranjera sirvió de pretexto dramático
para inculpar a los emigrantes. Las clases dominantes se juntaron
para pedir a coro la cabeza de la subversivos. Los anarquistas,
también, serían acusados. Los dirigentes de aquella poderosa
protesta: Augusto Spies, Alberto Parsons, Adolfo Fischer, George
Engel, Luis Lingg, Michael Schwab y Samuel Fielden, fueron
sentenciados a muerte. El 11 de Noviembre de 1887 se ejecutaría la
sentencia. En el patio de la cárcel, una vez más, estaban presentes
las horcas. Los condenados cantarían, a todo pulmón, la Marsellesa.
Sus tumbas, en el cementerio de Wladheim, siempre tienen rosas
rojas. Media década después, en el año 1893, se revisaría el
proceso. Los testigos fueron comprados, la provocación contra la
policía había sido ordenada por el mismo capitán y el procurador
escogió a dedo el jurado.
La opinión del juez sería demasiado contundente: "Tal atrocidad no
tiene precedentes en la historia". La Segunda Internacional
Socialista reunida en París, en el año de 1889, aprueba el 1 de
Mayo como el Día del Trabajador. Las últimas palabras de Augusto
Spies, periodista alemán, constituyen una verdadera historia del
futuro: ¡Llegará un tiempo en que nuestro silencio será más
elocuente que las voces de los que hoy ustedes estrangulan!
Los Martires de Chicago
Augusto Spies
Nacido en Alemania. Era un orador ardiente, al decir de José Martí:
"Cuando Spies arengaba a los obreros, no era hombre lo que hablaba,
sino silbo de tempestad... Tendía el cuerpo hacia sus oyentes, como
un árbol doblado por el huracán; y parecía de veras que un viento
helado salía de entre las ramas, y pasaba por sobre las cabezas de
los hombres".
Augusto Spies dijo al ser sentenciado a muerte en la horca: "Hemos
explicado al pueblo sus condiciones y relaciones sociales. Hemos
dicho que el sistema del salario, como forma específica del
desenvolvimiento social, habría de dejar paso, por necesidad
lógica, a formas más elevadas de civilización. Al dirigirme a este
tribunal lo hago como representante de una clase enfrente de los de
otra clase enemiga.
Podéis sentenciarme, pero al menos que se sepa que en Illinois ocho
hombres fueron sentenciados a muerte por creer en un bienestar
futuro, por no perder la fe en el último triunfo de la Libertad y
la Justicia".
Alberto Parsons
Nacido en EE.UU. en 1848. Dice Martí sobre su oratoria: "Hablaba a
saltos, a latigazos, a cuchilladas, lo llevaba lejos de sí la
palabra encendida". Y Parsons en su último discurso expresó: "Yo
como trabajador he expuesto los que creía justos clamores de la
clase obrera, he defendido su derecho a la libertad y a disponer
del trabajo y de los frutos del trabajo".
"Yo creo que los representantes de los millonarios de Chicago
organizados nos reclaman nuestra inmediata extinción por medio de
una muerte ignominiosa. ¿Y qué justicia es la vuestra? Este proceso
se ha iniciado y se ha seguido contra nosotros, inspirado por los
capitalistas, por los que creen que el pueblo no tiene más que un
derecho y un deber, el de la obediencia.
El capital es el sobrante acumulado del trabajo, es el producto del
trabajo. La función del capital se reduce actualmente a apropiarse
y confiscar para su uso exclusivo y su beneficio el sobrante del
trabajo de los que crean toda la riqueza. El sistema capitalista
está amparado por la ley, y de hecho la ley y el capital son una
misma cosa. ¿Creéis que la guerra social se acabará
estrangulándonos bárbaramente? ¡Ah no! Sobre vuestro veredicto
quedará el del pueblo americano y el del mundo entero. Quedará el
veredicto popular para decir que la guerra social no ha terminado
por tan poca cosa".
Jorge Engel
Nació en Alemania en 1836. Era un orador incisivo y apasionado.
Señala Martí: "pujaba por tener al anarquismo en pie de guerra". Y
se pregunta el alemán: "¿Por qué razón se me acusa de asesino? Por
la misma que tuve que abandonar Alemania, por la pobreza, por la
miseria de la clase trabajadora. Sólo por la fuerza podrán
emanciparse los trabajadores, de acuerdo con lo que la historia
enseña.
¿En que consiste mi crimen? En que he trabajado por el
establecimiento de un sistema social donde sea imposible que
mientras unos amontonan millones otros caen en la degradación y la
miseria. Así como el agua y el aire son libres para todos, así la
tierra y las invenciones de los hombres de ciencia deben ser
utilizadas en beneficio de todos. Vuestras leyes están en oposición
con las de la naturaleza, y mediante ellas robáis a las masas el
derecho a la vida, la libertad, el bienestar.
Yo no combato individualmente a los capitalistas; combato el
sistema que da privilegio. Mi más ardiente deseo es que los
trabajadores sepan quienes son sus enemigos y sus amigos".
Adolfo Fischer
Nacido en Alemania. Fischer dice: "En todas las épocas, cuando la
situación del pueblo ha llegado a un punto tal que una gran parte
se queja de las injusticias existentes, la clase poseedora responde
que las censuras son infundadas, y atribuye el descontento a la
influencia de ambiciosos agitadores. La historia se repite. En todo
tiempo los poderosos han creído que las ideas de pro se
abandonarían con la supresión de algunos agitadores; hoy la
burguesía cree detener el movimiento de las reivindicaciones
proletarias por el sacrificio de algunos de sus defensores. Pero
aunque los obstáculos que se opongan al progreso parezcan
insuperables, siempre han sido vencidos, y esta vez no constituirán
una excepción a la regla.
Este veredicto es un golpe de muerte a la libertad de imprenta, a
la libertad de pensamiento, a la libertad de la palabra en este
país. El pueblo tomará nota de ello. Si yo he de ser ahorcado por
profesar las ideas anarquistas, por mi amor a la libertad, a la
igualdad y a la fraternidad, entonces no tengo nada que objetar. Si
la muerte es la pena correlativa a nuestra ardiente pasión por la
libertad de la especie humana, entonces, yo les digo muy alto,
disponed de mi vida".
Luis Lingg
Nació en Alemania en 1864. Sobre él diría Martí: "Bello como
Tannahauser o Lohengrin, cuerpo de plata, ojos de amor, cabello
opulento, ensortijado y castaño... criado en una ciudad alemana
entre un padre inválido y la hambrienta, conoció la vida por donde
es justo que un alma generosa la odie... Halló su propia historia
en la de la clase obrera, y el bozo le nació aprendiendo a hacer
bombas".
Las palabras de Lingg: "Me concedéis, después de condenarme a
muerte, la libertad de pronunciar mi último discurso. Me acusáis de
despreciar la ley y el orden. ¿Y qué significan la ley y el
orden?
Yo repito que soy enemigo del orden actual y repito también que lo
combatiré con todas mis fuerzas mientras aliente. Os reís
probablemente, porque estáis pensando: ya no arrojaréis más bombas.
Pues permitidme que os asegure que muero feliz, porque estoy seguro
de que los centenares de obreros a quienes he hablado recordarán
mis palabras, y cuando hayamos sido ahorcados ellos harán estallar
la bomba. Os desprecio; desprecio vuestro orden, vuestras leyes,
vuestra fuerza, vuestra autoridad".
Óscar W. Neebe
Nació en Filadelfia de padres alemanes. En la época en que Neebe
fue arrestado, no vivía de un salario fijo; se dedicaba a trabajos
particulares. Desde sus primeros años sintió latir su corazón a
favor de los desheredados y fue siempre un excelente organizador de
las secciones de oficios, siendo propagandista acérrimo de las
ideas socialistas.
Dice: "Durante los últimos días he podido aprender lo que es la
ley, pues antes no lo sabía. Yo ignoraba que podía estar convicto
de un crimen por conocer a Spies, Fielden y Parsons. He presidido
un mitin en Turner Hall, al que vosotros fuísteis invitados para
discutir el anarquismo y el socialismo. Yo estuve, sí, en aquella
reunión, en la que no aparecieron los representantes del sistema
capitalista actual para discutir con los obreros sus aspiraciones.
Yo no lo niego. Tuve también en cierta ocasión el honor de dirigir
una manifestación popular, y nunca he visto un número tan grande de
hombres en correcta formación y con el más absoluto orden. Aquella
manifestación imponente recorrió las calles de la ciudad en son de
protesta contra las injusticias sociales. Si esto es un crimen,
entonces reconozco que soy un delincuente. Siempre he supuesto que
tenía derecho a expresar mis ideas como presidente de un mitin
pacífico y como director de una manifestación. Sin embargo se me
declara convicto de ese delito, de ese pretendido delito".
Miguel Schwab
Nació Miguel Schwab, en Mannhein (Alemania), en 1853, recibiendo su
primera educación en un convento. Trabajó algunos años de
encuadernador en distintas ciudades de Alemania. Figuró en su país
afiliado al Partido Socialista. Fue a los Estados Unidos en 1879 y
colaboró más tarde con Spies en Arbeiter Zeitung. Era un correcto
orador y su popularidad entre el elemento alemán muy grande. Como
organizador era digno émulo de sus compañeros de proceso.
En discurso se le escuchó decir: "Hablaré poco, y seguramente no
despegaría mis labios, si mi silencio no pudiera interpretarse como
un cobarde asentimiento a la comedia que acaba de
desarrollarse".
Denominar justicia a los procedimientos seguidos en este proceso
sería una burla. No se ha hecho justicia ni podría hacerse, porque
cuando una clase está enfrente de otra es una hipocresía y una
maldad suponerlo tan solo. Decís que la anarquía está procesada, y
la anarquía es una doctrina hostil a la fuerza bruta, opuesta al
presente criminal sistema de producción y distribución de la
riqueza.
Me sentenciáis a muerte por escribir en la prensa y pronunciar
discursos. El Ministerio Público sabe tan bien como yo que mi
supuesta conversación con Spies jamás existió. Sabe algo mejor que
esto: sabe y conoce todas las bellezas del trabajo del que preparó
aquella conversación. Cuando comparecí ante el juez al principio de
este proceso, dos o tres policías declararon que sin duda alguna me
habían visto en Haymarket cuando Parsons terminaba su discurso.
Entonces se trataba ya de atribuirme el delito de arrojar la bomba.
Al menos en los primeros telegramas que se dirigieron a Europa se
dijo que yo había arrojado varias bombas sobre la policía. Más
tarde se comprendió la inutilidad de esta acusación y entonces fue
Schmaubelt el acusado...
... Habláis de una gigantesca conspiración. Un movimiento no es una
conspiración, y nosotros todo lo hemos hecho a la luz del día. No
hay secreto alguno en nuestra propaganda. Anunciamos de palabra y
por escrito una próxima revolución, un cambio en el sistema de
producción de todos los países industriales del mundo; y ese cambio
viene, ese cambio no puede menos de llegar".
Samuel Fielden
Nació en Todmorden, Lancashire (Inglaterra) en 1844; pasó su
juventud trabajando en los talleres, y entrando en la edad de la
razón, se recibió de Ministro metodista. Fue después nombrado
superintendente de las escuelas dominicales de su país natal. En
1864 pasó a Nueva York y trabajo en algunos telares. Al año
siguiente se trasladó a Chicago, y desde esa fecha trabajó como
jornalero. Ingresó en la Liga Liberal en 1880, donde hizo
conocimiento con Spies y Parsons; se declaró socialista y fue uno
de los miembros más activos de la Asociación Internacional de los
Trabajadores. Era un gran orador y pensador profundo.
Fielden pronunció un discurso muy extenso, por cuya razón no
haremos un extracto tan completo como desearíamos, y aún le daremos
forma distinta de la dada a los demás a fin de compendiar mejor
cuanto dijo. Empezó recitando una poesía del escritor alemán
Freiligrath, titulada La Revolución, y se defendió elocuentemente
de que se pretendiera a