27 de julio de 2005
“CON CHÁVEZ-PUEBLO HEMOS TOPADO
SANCHOPORRAS”
Sin dudas que uno de los hechos políticos que más impacto han
causado en el presente venezolano lo constituye la salida a la
palestra, como vanguardia de la extrema derecha y de la reacción,
del cardenal Rosalio Castillo Lara, esgrimiendo un discurso
fanático, profundamente medioeval, inquisidor y reaccionario contra
el proceso revolucionario bolivariano y su líder fundamental, Hugo
Chávez Frías.
Pero el impacto al que me refiero no es porque el discurso ultra
conservador haya logrado horadar o debilitar las simpatías
populares hacia el presidente, blanco de los ataques del alto
prelado de la Iglesia Católica, quien califica a Chávez de
dictador. Es por el grado de torpeza y error de la jerarquía
católica venezolana, la que sigue formando parte de la oligarquía
criolla y defiende los peores intereses.
Rosalio Castillo, el cardenal, tiene lo que se llama rabo de paja,
su presencia en el Vaticano está marcada por el escándalo
financiero más grave que haya vivido el pequeño pero poderoso
Estado donde está la cúpula mundial de la Iglesia Católica,
Apostólica y Romana. Allí administraba las finanzas y consiguió
préstamos cuyo origen estaban salpicados en escándalos financieros
vinculados a la mafia; igualmente se le señala de tapar escándalos
dentro de la Guardia Suiza con tortuosos escándalos de toques
gueis. Y paremos de contar, porque no se trata de un retrato del
cardenal en la Santa Sede y su período de administrador y su
temprana baja por el Papa Juan Pablo II.
Llama la atención, en primer lugar, que el anciano cardenal emerja
como líder de la oposición, sobre todo en esta etapa en la que está
en marcha un nuevo plan subversivo, desestabilizador, promovido
abiertamente por el presidente norteamericano, una de cuyas metas
es producir una masiva abstención en las elecciones municipales del
7 de agosto. Evidentemente la cúpula eclesiástica criolla se las
está jugando completa en el proceso de subversión, poniéndose a la
vanguardia de la lucha opositora por medios irregulares.
Ya no están ni Fedecamaras ni la CTV liderizando las luchas de la
contrarrevolución, quedaron literalmente, desbaratados; los
militares golpistas están fuera del Ejército; la Coordinadora
Democrática desapareció, y la cohesión opositora del 2002, 2003 y
parte de 2004, no existe, ¿por qué, entonces, la cúpula católica
arriesga a la institución de manera tan evidente, se zumba por ese
barranco, a sabiendas que el cardenal miente, falsea la realidad,
instiga a la rebelión y a la desobediencia civil, a derrocar el
gobierno?
La dirección de la Iglesia Católica venezolana sin dudas que se
topó con Chávez-pueblo, ese binomio indestructible que es cada vez
más poderoso y fuerte. Ya la iglesia no es ni tan fuerte ni tan
poderosa como en otros tiempos, un cisma se gesta en su seno, la
legión de curas y monjas de raigambre y vínculo popular,
coincidentes con los postulados de la revolución bolivariana, más
temprano que tarde expresarán sus opiniones abiertamente.
La conducta del cardenal, no de opinar contrariamente a lo que dice
el gobierno, sino de utilizar un lenguaje soez, de llamar a la
rebeldía, a la desobediencia, le hace mucho mal a la Iglesia como
institución, socava sus bases, subvierte sus valores, violenta el
evangelio. Esa no es la misión de un prelado, de un cura o una
monja, sino el equilibrio, la sindéresis, la búsqueda de la unidad
de los venezolanos, no su división y parcialización abierta al lado
de los poderosos, del imperialismo y contra el pueblo y el país.
(24-07-05) (caracola@cantv.net)
HUMBERTO GÓMEZ GARCÍA