15 de junio de 2005
EXTRADICIÓN AL ESTILO USA
Los documentos secretos recién divulgados por el National Security
Archive arrojan nueva luz sobre la responsabilidad del gobierno de
Estados Unidos –y específicamente de la CIA dirigida,
entonces, por George H. W. Bush- en la abominable destrucción en
pleno vuelo, el 6 de octubre de 1976, de un avión civil cubano y el
asesinato de las 73 personas que iban en él.
Ya se sabía, por los papeles publicados el pasado mes de mayo, que
Washington conocía, por lo menos desde junio de 1976, del plan para
llevar a cabo tan descomunal crimen, tenía la información acerca de
quiénes serían sus autores y estaba enterado de que Orlando Bosch y
Luis Posada Carriles, los principales culpables, intentaban escapar
de la justicia venezolana.
Pero lo que ahora se sabe, por uno de los documentos publicado hace
apenas dos días, es sencillamente el colmo: el propio gobierno de
Estados Unidos era quien se ocupaba de salvar a los terroristas y
sus diplomáticos en Caracas conspiraban para ello con algunos
funcionarios locales.
Se trata de un mensaje cablegráfico secreto que envió a Washington
el jefe de la estación de la CIA en Caracas el 14 de octubre de
1976. En su último párrafo se refiere con pelos y señales a las
reuniones que en la mañana del 10 de octubre, en la tarde del día
12 y nuevamente en la mañana del 13 del mismo mes, sostuvo la
Embajada estadounidense con varios personajes, incluyendo al
Director de la DISIP Raúl Giménez Gainza y Orlando García, asesor
del entonces presidente Carlos Andrés Pérez. El objeto de esos
encuentros era la entrega de Orlando Bosch a las autoridades
norteamericanas.
Sin nota diplomática, ni solicitud de extradición. Nada de eso
menciona el informe. En las tres reuniones sus interlocutores,
supuestamente hablando en nombre del mandatario venezolano, habían
prometido entregarle a Bosch. Así de sencillo.
¿En qué fuente basaba la CIA semejante información? Esta vez no era
un informante anónimo. Lo identifican claramente en la página 4 y
sus palabras reportando esas reuniones, debidamente
entrecomilladas, son citadas con todo cuidado. Se trata, nada más y
nada menos, que del Embajador de los Estados Unidos en
Venezuela.
El excelentísimo señor se lamenta de que “aún no he
recibido la confirmación oficial acerca de la decisión del
Presidente”. (o sea de Carlos Andrés Pérez).
El régimen de George W. Bush lleva tres meses amparando a Luis
Posada Carriles, se niega a extraditarlo a Venezuela y pretende
escudarse en inventadas argucias y supuestos tecnicismos. El papá,
George H. W. Bush, no pensaba en trámites legales ni procedimientos
diplomáticos, le bastaba la conjura en la sombra. Entonces, como
ahora, era la extradición estilo yanki. Intentar sacar a Bosch de
Venezuela en octubre de 1976 y enviarlo a Estados Unidos para
impedir la justicia. Retener hoy a Posada y no extraditarlo a
Venezuela, para impedir la justicia.
Ahora como entonces, el hijo igual que su padre, cómplices y
protectores de los asesinos. Terroristas, ellos también, y tan
culpables como sus protegidos.
RICARDO ALARCÓN DE QUESADA