12 de abril de 2007
VALENTÍA Lucha de Madres de Mayo es universal
Un abrazo que esperó casi 30 años
Se calcula que unas 30 mil personas desaparecieron durante la dictadura militar en Argentina. Muchas eran mujeres, algunas embarazadas, y sus hijos les fueron arrebatados al nacer
Mirta Acuña de Baravalle sufrió el peor castigo para una madre: el secuestro y la posterior desaparición de su hija Ana María, embarazada de cinco meses, junto con su esposo, Julio César, un 28 de agosto de 1976.
Esta valiente mujer se atrevió a desafiar, junto a otras 13 mujeres, a la dictadura de Videla, un brutal régimen militar que desapareció a más de 30 mil argentinos. Así, se fue gestando el Movimiento de las Madres de Mayo, que en este momento no sólo lucha por sus hijos y nietos desaparecidos, sino por el sentimiento de los pueblos del mundo frente a las atrocidades del poder mal utilizado.
Desde ese entonces era comprensible que Mirta rechazara la figura militar, que de una u otra forma representaba la brutalidad con que le fue arrebatada su familia. Sin embargo, el año pasado un hombre pudo cambiar ese concepto en la mente de esta valiente luchadora.
En el marco del programa Aló Presidente 281, el cual se realizó en el Complejo Cultural Teresa Carreño y tuvo como invitadas de lujo a las mujeres que participaron en el XIV Congreso de la Federación Democrática de Mujeres, Mirta le relató al presidente Hugo Chávez que desde hace 29 años jamás permitió que un militar la saludara, mucho menos que la tocara.
Sin embargo, el año pasado Mirta se fundió en un abrazo fraterno con el presidente Chávez. “Quiero decirle que habían pasado 29 años sin haber permitido nunca que un militar me tocara, ni que me saludara, ni yo lo saludara”, así le relató esta mujer al presidente revolucionario su resentimiento contra un sistema militar que ensució su honor volcando sus armas contra el pueblo.
Al referirse a aquel abrazo con el presidente venezolano, Mirta aseguró que “en ese momento sentí emoción al saber que hay un militar que corresponde a los honores que el pueblo le ha otorgado para preservar la libertad”.
Conmovido, el presidente Chávez abrazó de nuevo a aquella mujer, frágil por fuera, pero tan valiente en su lucha que no termina; y que ya no es su causa personal, sino la causa del mundo en contra de las injusticias de los gobiernos que no sienten amor por su pueblo.
Belén Alexandra Sánchez.