MEMORIA HISTÓRICA Todo 11 tiene su 13...
Viernes 12 de abril de 2002
Siguen los relatos de los infaustos sucesos acaecidos en Caracas la tarde del 11 de abril
El día 12 de abril, la secuencia de ideas que se presenta en el Universal está diseñada para manipular y convencer. Comienza con las noticias sobre el desconocimiento de la autoridad del Presidente Hugo Chávez Frías por parte de las Fuerzas Armadas.
Abundan las mentiras y la utilización de los principios de exageración y deformación, así como el de unanimidad. Exageraciones sobre el número de miembros del grupo castrense que participan en el golpe de Estado, sobre el compromiso y convicción de derrocar al primer mandatario. Arrecia la difamación hacia el presidente Chávez, acusándolo de asesino.
Siguen los relatos de los infaustos sucesos acaecidos en Caracas la tarde del 11 de abril. En estas narraciones el sentido es construir una realidad maniquea donde se distingue de manera artificiosa entre “buenos” y “malos”, exagerando la condición de indefensión y pacifismo, así como en la cantidad de “buenos” que se dirigían hacia el Palacio de Miraflores. Asimismo, los “malos” son presentados como minoritarios, pero muy violentos, bien armados, malintencionados e inescrupulosos.
Se trata de la clásica contraposición entre civilización y barbarie, entre el bien y el mal. Los imperios que han existido a lo largo de la historia, como el griego y el romano (y que han desaparecido) se referían a los pueblos que pretendían dominar con los términos de “hordas”, “bárbaros”, “salvajes”, dando a entender que se encuentran cerca de la animalidad, mientras que los verdaderamente “humanos” eran aquellos que pretendían arrebatarle sus territorios. Querían justificar la expansión imperial haciendo ver que obedecía a una noble intención de civilizar y humanizar a aquellas personas presuntamente violentas e impredecibles con instintos criminales.
Hoy, el imperio y sus vasallos denominan “terroristas” a los pueblos, como el iraquí, que valientemente defienden su territorio de las tropas invasoras. En Venezuela, los medios de comunicación suelen referirse negativamente a los grupos defensores de la revolución con el apelativo de “hordas”, mientras que a los ciudadanos manipulados y opositores los denominan con el pulcro término de “sociedad civil”.
Un hecho importante en esta representación mediática de la realidad es la supuesta vinculación armónica entre el presidente Chávez y quienes salieron en defensa, no solo del presidente, sino de su soberanía y dignidad como pueblo, ante acciones claramente ofensivas de personas manipuladas que amenazaban echar por tierra sus conquistas políticas. A los afectos del gobierno, se les presenta como una banda armada de fanáticos incondicionales que obedecen sumisamente las órdenes de su líder de asesinar a los opositores. Nada más alejado de la realidad, hombres y mujeres defensores de la institucionalidad salieron a la calle espontáneamente en defensa de los frutos históricos que tanto sacrificio les han costado.
Luego de estos retratos distorsionados de los “buenos” y los “malos”, se desliza la opción, el sustituto proveniente, claro está, del bando de los buenos: Pedro Carmona Estanga, el “líder” economista con estudios en Bélgica.
Finalmente, un artículo que muestra pomposamente el antetítulo de “análisis”, denominado El último crimen de un dictador. Fue escrito por Roberto Giusti un operador del movimiento fascista que no conoce límites a la hora de valerse de todos los principios de la propaganda de guerra del Goebbels, el ministro de propaganda de Hitler. Aquí se resume la versión aceptada por la oposición y su base social de manipulados. Los que conocen la verdad saben cuánto se ha deformado la realidad y con qué intenciones. A pesar de todo cuanto han dicho y hecho, el presidente Chávez fue rescatado por el pueblo de manos de sus secuestradores, triunfó en el referéndum revocatorio del año 2004 y fue reelecto por una abrumadora mayoría en diciembre del 2006. La contundencia de los hechos siempre podrá más que las mentiras.
En cadena nacional
Alto Mando Militar desmintió su renuncia (El Universal)
El Alto Mando Militar, por boca del general en jefe, Lucas Rincón Romero, en cadena nacional de radio y TV, se pronunció en los siguientes términos: 'Sentimos en la Fuerza Armada que no es hora de seguir alimentando controversias, no es hora de continuar acentuando la conflictividad social. Todo lo contrario _el diálogo fructífero_ y las decisiones adecuadas en pro del bienestar de la Nación.
Las actuaciones de la Fuerza Armada Nacional en este conflicto se han desarrollado dentro del marco exigido por la Constitución y la Ley en pro del mantenimiento del orden interno del país, en función que ha sido asumida por la Guardia Nacional de Venezuela, componente que ha observado en todo momento y lugar, el debido respeto a la ciudadanía y a los derechos humanos.
Se ha comentado que el señor Presidente de la República se encuentra detenido en el Fuerte Tiuna o en Miraflores, lo desmiento categóricamente. El señor Presidente se encuentra en su despacho, desmiento categóricamente la renuncia del Alto Mando Militar. Aquí están presentes todos los miembros del Alto Mando Militar, evaluando minuto a minuto la situación que vivimos.
Altos oficiales desconocen autoridad del presidente Chávez (El Universal)
Extraoficialmente se supo que el Comandante General del Ejército, Efraín Vásquez Velásquez, desconoce la autoridad del presidente, Hugo Chávez y se responsabilizaría de ahora en adelante del la jefatura del Alto Mando Militar.
Trascendió igualmente que el general Lugo Peña se constituiría en el comandante del Ejército y el general Carlos Alfonso Martínez como comandante de la Guardia Nacional.
El general Martínez aseguró que las acciones realizadas por los oficiales de la Guardia Nacional fueron 'mal llevadas'.
Por su parte, el vicealmirante Héctor Ramírez Pérez junto con otros 9 altos oficiales leyó un comunicado en el que desconocieron la legitimidad del jefe de Estado.
'Nos dirigimos al pueblo para desconocer al actual gobierno, la autoridad del presidente Chávez y del Alto Mando Militar', señala la nota leída por Ramírez en nombre del grupo.
'La Constitución nos obliga a evitar más derramamiento de sangre y esa obligación pasa por la salida pacifica del presidente y la sustitución de alto mando', añadieron los oficiales contestatarios.
El viceministro de Seguridad Ciudadana, Luis Alberto Camacho Kairuz, se sumó al grupo liderado por el vicealmirante Ramírez. 'Hago un llamado al Gobierno Nacional para que renuncie ya (...) el mundo está cansado de la cómica que estamos dando'.
Jornada decisiva // La fiesta se tornó tragedia
Batalla campal por Miraflores (El Universal)
El choque entre opositores y adeptos al gobierno del presidente Hugo Chávez terminó con un saldo extraoficial de cincuenta heridos y nueve muertos y con la sospecha que efectivos de Policaracas, vestidos de civil fueron quienes arremetieron con armas automáticas contra los manifestantes de la oposición.
El centro de la ciudad fue escenario de una batalla campal que se desató cerca de las 3:30 e involucró a efectivos de la Policía Metropolitana, Guardia Nacional, Policaracas y a los manifestantes pro y contra gobierno.
El detonante fue la intención de la marcha de la oposición, que provenía de la sede de Pdvsa-Chuao, de subir por la avenida Baralt para acceder al Palacio de Miraflores.
Justo en la esquina de La Pedrera, los manifestantes fueron recibidos por una 'fuerza de choque' de simpatizantes del Gobierno; inmediatamente, 15 efectivos de la Policía Metropolitana intentaron dispersar a los manifestantes de ambos bandos con la utilización de bombas lacrimógenas.
La medida fue infructuosa. Primero comenzó un intercambio de piedras entre los revolucionarios y los contrarrevolucionarios para después comenzar los disparos que impactaron en dos civiles, además del fotógrafo del diario 2001, José Tortosa.
Desde los edificios cercanos y desde el puente que comunica a la esquina de Carmelitas con el Palacio de Miraflores varias personas, no uniformadas, disparaban contra los efectivos de la PM y los manifestantes de la oposición.
La cadena presidencial y la interrupción de la señal comercial de los canales de televisión pasó inadvertida para los manifestantes que intentaban resguardarse de las balas de los francotiradores en los alrededores de la plaza O'Leary y El Calvario.
1. Desde la Urdaneta
Una extraña muestra de pudor, sin duda: a modo de cortina extendieron una larga bandera del mismo tono azul que identifica al PPT, abriendo un espacio privado que tuvo como fondo la pared del Banco Central. Tras esa tela, organizados pero evidentemente alentados por la adrenalina del momento, la fuerza de choque transformaba botellas de cerveza ligera en bombas incendiarias.
Momentos antes, el líder giraba instrucciones, aleccionaba, preparaba a su gente y calibraba su potencial para la lucha del día: '¿Tú sabes manejar una molotov?'.
Claro que sabía. Y lo más curioso, es que el piquete de la Guardia Nacional que hacía barrera en la esquina, apenas a unos pasos del lugar donde se armaba este grupo conformado por cerca de catorce miembros de esos que gustan llamarse 'milicias populares', jamás se dio por enterado del potencial peligro.
Desde el mediodía los seguidores del Gobierno atendieron con rapidez el llamado a defender su territorio, esa zona aledaña al palacio de Miraflores a donde jamás iban a permitir que se instalara la multitudinaria protesta antichavista.
No eran, ni de cerca, las diez cuadras de gente que más tarde calcularía el alcalde del Municipio Libertador, Freddy Bernal. Eran, a lo sumo, cuatro pero contenían a un considerable grupo de enardecidos chavistas dispuestos a todo para detener a sus odiados escuálidos, blandiendo palos, bates, tubos con puntas afiladas como lanzas, tablas con clavos; armados con piedras y cabillas y vistiendo muchos de ellos, chaquetas de sospechosa holgura en una tarde calurosa.
Esas armas tampoco las vio la Guardia Nacional, ni las vería a lo largo de una jornada que observada desde el lado de quienes coloreaban sus rostros de rojo justificaba cualquier cosa: ¡no pasarán!
Alrededor de las 2:30 de la tarde, justo cuando el alcalde Freddy Bernal subía a la tarima frente al Palacio de Miraflores, desde la esquina de Bolero se veía la llegada de la marcha opositora.
Servida pues la hora del enfrentamiento, los verdaderos combatientes de bando y bando hicieron lo suyo: frente a la movilización contra Chávez, una avanzada de Bandera Roja lanzaba piedras y se las veía con las secuencias de bombas lacrimógenas. Y en las calles laterales a la estación del Metro, la gente de las milicias populares atacaba con lo que tenía: incluyendo en su arsenal cohetones preparados con tachuelas.
Y en el medio, protegiendo al grupo chavista que miraba y alzaba sus palos en gesto bravucón, la Guardia Nacional contenía el avance de ambos devolviendo las piedras, lanzando bombas y abriendo filas para dejar pasar a los combatientes ensangrentados: hasta el final de la tarde se contaban cinco heridos y cuatro muertos de estandarte rojo, uno de ellos de un balazo en la cabeza. No pasaron, pero ya no importa: perdimos todos.
2. A palacio
Once de la mañana. Mientras la televisión mostraban la enorme marcha de la oposición, el 23 de Enero y Catia estaban en calma. Más calmados que durante un día normal.
Minutos después de que los medios dejaran saber que la marcha prolongaba su itinerario y se dirigía a Miraflores, un camión 350 de los círculos chavistas, con dos cornetas enormes de miniteca en el techo se paró frente a un abasto de la Segunda avenida de Nueva Caracas.
Once y media. La avenida Sucre lucía una apariencia dominical. Cero sobresaltos. 15 minutos después en la plaza Bolívar varias personas al lado de una camioneta Toyota Samurai gris con pancartas del MVR, hacían por altoparlantes 'un llamado al pueblo a que acudiera a los alrededores de Miraflores a defender a Chávez y la revolución'.
Doce y media. Hombres y mujeres armados con palos suben desde las calles del centro hacia la avenida Urdaneta. 400 integrantes de los círculos se apostan desde Miraflores hasta la esquina de Carmelitas. La puerta de la Vicepresidencia es un hervidero. Entran y salen personeros del Gobierno. El diputado Juan Barreto. Las ministras de Ambiente y Salud, Ana Elisa Osorio y María Lourdes Urbaneja. 'Aquí no pasa nada, vamos a Miraflores' dice esta última.
Una y media. A pesar de los cordones de policías y guardias nacionales cerrando cada esquina desde Miraflores hasta La Pelota, los partidarios del Gobierno caminan por toda esa franja. Todos van armados. Visiblemente portan mangos de picos y palas con clavos en las puntas, tubos de dos pulgadas, cabillas forradas en tela. Algunos visten ponchos y ropa militar. Todos llevan rayas de labial rojo en las mejillas. Uno de estos enseña una daga de medio metro de largo. 'Al que pase me lo llevo'. Un negro alto, con un bate de aluminio en una mano y un altavoz en la otra grita: '¡muerte a los oligarcas y que viva la revolución pacífica!'. Aquí nada tiene sentido.
Dos y media. Cuarenta motorizados recorren 'las esquinas de la revolución'. Cuando llegan a La Pelota piden a la Policía Metropolitana que retire sus camiones lanza agua. Se van las motos. Veinte minutos después una pareja de jóvenes en una vespa se acercan a la referida esquina y una turba se les va encima. Varios asoman sus pistolas nueve milímetros en la cintura. Un sexagenario dice: 'Así sea con mi sangre defiendo a Chávez, pero no pasarán'.
3. Francotiradores
Según algunos ciudadanos que acudieron a la marcha para solicitar la renuncia del presidente Chávez, varios francotiradores, que se apostaron en las azoteas de los edificios del casco central de Caracas, comenzaron a disparar contra los manifestantes, dejando un saldo de un muerto y varios heridos.
'Nosotros creíamos que eran policías, pero la Metropolitana nos dijo que no eran ellos, porque ellos no dispararían nunca contra el pueblo', comentó Rafael Gutiérrez.
Jornada decisiva / Helicópteros sobrevolaron Miraflores
Carmona presidiría Junta de Gobierno (El Universal)
Pedro Carmona Estanga sería el presidente de la Junta de Gobierno Provisional designada por consenso entre el Alto Mando Militar y factores de la sociedad civil a fin de conducir el proceso de transición hacia la elección de nuevos poderes públicos.
Carmona Estanga, hasta ahora Presidente de Fedecámaras, es economista con postgrado en la Universidad de Lovaina, Bélgica, y desde su elección como máximo dirigente del movimiento empresarial se convirtió en activo líder de la sociedad civil en la defensa de los derechos fundamentales y de las libertades públicas ante el gobierno del ex presidente Hugo Chávez.
Hasta la madrugada no había conformación oficial sobre los nombres de las personas que acompañarían a Carmona en la Junta de Gobierno, pero trascendió que una de ellas sería el ex presidente de Pdvsa, general (r) Guaicaipuro Lameda.
A esas mismas horas dos generales comisionados por el comandante del Ejército, Efraín Vásquez Velasco, se reunían con el aún primer mandatario nacional, Hugo Chávez, para acordar los términos de su renuncia. Se dijo que Chávez exigió como condición a los generales Néstor González González y Ernesto Medina Gómez, la posibilidad de abandonar el país, lo cual le fue negado de plano.
Más temprano, en la noche, Chávez le había manifestado al jefe del Estado Mayor Conjunto de la FAN, Bernabé Carrero Cubero, que no quería ser responsable de más derramamiento de sangre y poco después el mismo Carrero Cubero se dirigía al jefe de los paracaidistas de Maracay, general Manuel Baduel y al almirante Castillo, comandante de la Infantería de Marina, para que mantuvieran sus tropas acuarteladas, `a fin de evitar problemas´.
La suerte de Chávez quedó sellada en las primeras horas de la noche con el pronunciamiento del comandante del Ejército, Efraín Vásquez Velasco, con lo cual se confirmó que la más poderosa de las fuerzas apoyaba, en un solo bloque, la actitud de rechazo a la represión ordenada por Chávez en horas de la tarde en los alrededores de Miraflores y a la cual aludió Vásquez Velasco como la causa de su defección.
Rodeado del Alto Mando de su fuerza Vásquez Velasco advirtió que no se trataba de una insurrección sino de un `acompañamiento´ en solidaridad con el pueblo, al cual pidió perdón por el `atropello´ cometido. Con Rincón se encontraba el general Manuel Rosendo, jefe del Cufan y a la entrevista asistió el hasta entonces ministro de Hacienda, Francisco Uzón, quien luego declaró que ante el emplazamiento de Rincón, Chávez había respondido que lo estaba pensando.
En el interregno el comandante de la Tercera División de Infantería, con sede en Caracas y ex jefe de la Casa Militar, general Rafael García Carneiro, se había entregado al Comando del Ejército, pero las tanquetas que Chávez le ordenó trasladar a Miraflores, pasando por encima del general Vásquez, permanecían en el lugar y se conoció que el ex Presidente advirtió que ordenaría utilizarlas si no lo dejaban salir del país.
Chávez estuvo acompañado por Aristóbulo Istúriz, Willian Lara y Juan Barreto a lo largo de todas esas angustiosas horas durante las cuales su poder se fue haciendo trizas irremediablemente. Cuando comprendió que ya todo estaba perdido Chávez le pidió a Barreto que hiciera contacto con algunos editores de medios a fin de que se le permitiera dirigirse al país para anunciar las razones de su renuncia, lo cual finalmente no llegó a ocurrir.
Igualmente se dirigió a Vásquez Velasco para que los generales Rosendo y el ministro de Infraestructura, Ismael Hurtado Soucre, actuaran como mediadores, ante lo cual Vásquez Velasco envió a González y Medina Gómez.
Durante todo ese tiempo Chávez expresó preocupación por la suerte de su familia y tuvo el poder suficiente como para lograr que la primera dama y sus dos hijos abordaran un avión de Pdvsa que despegó de La Carlota en condiciones de extrema inseguridad en dirección a Barquisimeto.
A las 2 y 44 minutos de la madrugada aún no se oficializaba la entrega y lo único seguro era que a diferencia de aquel 4F, el teniente coronel Chávez ya no podría burlarse del futuro con la frase premonitoria del `por ahora´.
Analisis
El último crimen de un dictador (El Universal)
Si alguien alguna vez tuvo dudas sobre el carácter fascista y asesino de este régimen que agoniza, ayer debe haberlas despejado y si ese mismo alguien llegó a pensar que la vena heroica del pueblo venezolano había dejado de palpitar hace mucho tiempo, tendría que haber estado en la Plaza O' Leary del Silencio.
Después de años y años de jurar solemnemente que como presidente nunca ordenaría disparar contra el pueblo, ayer Hugo Chávez se manchó, una vez más, las manos de sangre. Al final se quitó la careta democrática y quedó al descubierto su verdadera naturaleza de matón sin escrúpulos que ordena disparar, a su guardia de corps, contra una multitud pacífica y desarmada. Implacable, dispuesto a conservar el poder sobre una montaña de cadáveres, si fuera necesario, mientras discurseaba sandeces extemporáneas por radio y televisión, las calles aledañas a Miraflores se convertían en un campo de batalla que no era tal porque de un lado estaban la Casa Militar, la Guardia Nacional, los círculos chavistas y los francotiradores del alcalde Bernal, y del otro decenas de miles de manifestantes que protestaban según las normas civilizadas existentes en cualquier sociedad democrática.
El resultado fueron nueve muertos y 88 heridos luego de una sangrienta y horrible tarde en la que se impidió, a sangre y fuego, lo que en cualquier otro país del mundo resulta absolutamente normal, cual es el paso de una manifestación por el frente de la casa de gobierno.
Lo evitaron gracias a los francotiradores entrenados en Cuba, a quienes Bernal apostó en el edificio de la alcaldía, y en la azotea de las dependencias que ese organismo tiene a lo largo de la avenida Baralt, para jugar tiro al blanco con seres humanos, como si de una cacería se tratara. Lo evitaron también gracias a los hombres de la Guardia Nacional que dispararon bombas molotov y a los efectivos de la Casa Militar, quienes apuntaron sus FAL contra venezolanos inermes, armados de una bandera y una pancarta.
II
Lo admirable de este bochornoso y cobarde episodio, quizás el último ocurrido por la voluntad de Chávez, fue la heroica actitud de una muchedumbre que gritando 'No tenemos miedo' y desafiando un despiadado e intenso fuego, avanzó hacia el palacio desde la Plaza O'Leary, hasta que empezaron a caer los muertos, los heridos y los ahogados por los gases lacrimógenos. Ahí retrocedían, se reagrupaban y movidos por líderes espontáneos, jóvenes de todas las clases y condiciones, muchachas y muchachos, volvían a las andadas, con un pañuelo en el rostro y el pecho al descubierto.
Arriba estaban las hordas chavistas, armadas, ebrias de sangre, protegidas por un cordón de la Guardia Nacional y otro de la Casa Militar. Luego venía un trecho de cien metros, la tierra de nadie, un cordón de la Policía Metropolitana, cuyos efectivos se limitaron a impedir el paso, a trasladar heridos y repeler los asesinos a sueldo de Chávez y Bernal. Al final, en los espacios de la plaza, en las escaleras del Calvario, en los accesos laterales, la gente.
No faltaron los líderes de la oposición, muchos en realidad para nombrarlos a todos, tratando de canalizar la protesta de una muchedumbre que lejos de amilanarse, al observar los primeros caídos, comenzó a corear: '¡Chávez asesino, Chávez asesino, Chávez tiene miedo!'. Pasadas las tres de la tarde el fuego arreció y el combate se concentró entre las esquinas de Marcos Parra y Solís. Allí fue donde un grupo heroico de veinteañeros, con la camisa a modo de gorro y sin ningún tipo de armas, avanzaban en medio de la balacera y las nubes de humo tóxico hacia los destacamentos de la Guardia, con agilidad felina recogían las bombas que les lanzaban y las devolvían con feroz puntería. Eran los muchachos de Banderas Roja, cuyo arrojo enardecía a muchos otros más y entonces los grupos avanzaban desafiando el humo y los disparos de los francotiradores de los círculos chavistas hasta que alguno caía y vuelta atrás.
Cargaban el cuerpo ensangrentado, gritaban pidiendo un médico, clamaban que por favor no corrieran en medio de toses y lágrimas, dejaban el herido en la ambulancia y volvían a la pelea.
Hasta las cinco y media de la tarde, cuando una arremetida salvaje y sostenida los hizo correr en desbandada hacia la avenida Baralt, dispersados, aunque no vencidos, para retirarse por la avenida Lecuna gritando la arrechera en contra de un Presidente que ha cerrado su paso por el poder con una masacre. Ya se sabía, Chávez no se iba sin saciar su odio visceral y su resentimiento contra quienes, unos muertos y otros vivos, han logrado lo que ya resulta e inminente: su salida del poder y el rescate de la democracia.
MinCI